domingo, 3 de febrero de 2013

El que no se contenta es porque no quiere

Soporífero partido el jugado ayer por el Real Madrid en el estadio de "Los Cármenes", sito en la ciudad de la Al-hambra, esto es, Granada. Cuando digo "soporífero" no exagero, como bien podrán corroborar todas las personas que pasaron la noche del sábado viendo el partido, y como habrá podido comprobar cualquiera que haya leído la crónica en los muchos blogs que se dedican a ello. Así que no les aburriré con lo mismo. En lugar de eso, haré un análisis optimista retroactivo de los eventos acontecidos en la noche de autos para demostrar que las dos horas que nos tiramos perplejos delante del ordenador -espero que sean ya pocos los que pagan la minuta al trosko independentista de Roures o a los desestabilizadores de Canal Pus- con nuestros amigos rusos, rumanos, chinos e incluso árabes, no fueron en balde. Ardua labor, pero no hay nada que un madridista confeso no pueda lograr. 

Noche histórica. 
Anoche fuimos testigos de un hecho que tardará en repetirse. Hasta bien entrado el partido se nos había dicho que Cristiano Ronaldo era el único jugador que había marcado a todos los equipos de la Liga. Mentira. Había un equipo al que no había marcado: el Real Madrid. Suyo fue el gol que, a la postre, daría la victoria a los locales, producto de su intento de despejar un saque de córner que por mediación de la testa del luso penetro como una bala de cañón en la portería defendida por Diego López. Imparable, no podíamos esperar otra cosa de nuestro gitano favorito que alcanza así un récord absoluto al alcance de muy pocos. 

Madridismo inapelable. 
Quien permaneciera ante el aparato, cualquiera que fuese, que estuviera recogiendo la señal demostró ante el mundo, y ante sí mismo, que es un madridista de pro, y que el amor que profesa al equipo merengue es a prueba de bombas. Guardadlo en vuestra memoria para aquellos amigos que alardeen de madridismo exhibiendo su colección de camisetas y entradas. Seguro que ellos no se tragaron el tostonazo de ayer por muchas entradas al estadio de Glasgow que tengan. 

"¡Pero qué cojones es esto!, ¡Pero esto qué cojones es!"

Túiter, haciendo amigos.
Partidos como el de anoche potencian como ninguna otra cosa la importancia de las Nuevas Tecnologías en su apartado "redes sociales". Antes de internet, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra y el IVA no pasaba del 12%, uno veía esos partidos en su casa y se le quedaba una cara de gilipollas que tardaba días en desaparecer. Ahora, gracias a Túiter, puede comprobar que no está solo, que hay una ingente cantidad de gilipollas haciendo la misma gilipollez. Hasta el último minuto, oigan. Como que alivia un poco. 

Pese a que la toma no es muy buena, no lo duden: es el gol que salió del saque de esquina, como demuestra la presencia de Sergio Ramos en las inmediaciones. En los partidos que ha estado sancionado no nos ha caído ni uno; ha sido volver y otra vez preferimos que nos piten penalti a córner.

Hundiendo sibilinamente la Liga.
Es lo que quiero pensar. Cuando escribo estas líneas, el Far$a acaba de empatar en Mestalla... gracias a un gol de penalti injusto. Si ya es grave que la competición esté más adulterada que los combates entre Hulk Hogan y el Último Guerrero, más lo es que los robos de los culos no despierten la misma indignación que una jugada dudosa en la que el colegiado decide a favor del Real Madrid. Mañana los majaras de Superdeporte no hablarán de eso, pero quizá sí saquen un informe especial sobre el fuera de juego que no era por 0,84 milímetros de Soldado en el Bernabéu, y que habría cambiado el sino de la eliminatoria al dar validez al disparo que acabó estrellando el balón en el larguero. O alguna gilipollez similar, con el capitán naranjero Albelda haciendo de Belén Esteban. Me alegra que el Madrid haga partidos como el de ayer. Es bueno porque denigra a una competición ya de por sí bastante denigrada. A ver quién cojones quiere ver un truño de torneo que da a luz partidos como el de ayer y en el que el defensor del título pierde partidos como quien pierde un paraguas mientras su máximo rival se escapa a chorrocientos puntos. La ruina de Mediapro y su gerifalte Roures -millonario comunista que hacía caja realizando documentales apologéticos de grupos terroristas- o del canal en que Lama y demás víboras vomitan su bilis, sólo puede ser una buena noticia. Nosotros a por Copa y Champions, y que le den aire a esta competición de chichinabo, incapaz de acercarse a la Premier por la corrupción imperante y por recaer los derechos televisivos en un comunista independentista que justifica el no intentar acceder a los mercados asiáticos para competir con el City, Manchester, Chelsea y cía. en que China fue una colonia inglesa. Como lo oyen.

Noche histórica (2)
Matemáticos, estadísticos y científicos de toda índole han asegurado que es imposible que un equipo gane, o que empate con un marcador superior al cero-cerista, sin haber tirado ni una sola vez a puerta. Mentira. El Granada ganó cumpliendo esa proposición. Del resto del partido sólo una vez pasó un disparo granadino cerca del palo derecho de la portería madridista, y gracias a que Diego López, siguiendo la tendencia de sus compañeros, dejó que saliera fuera porque ni él creía que fuera a ir entre los tres palos. Podría haberlo parado, pero eso significaría romper la dinámica de grupo imperante ayer, que basicamente consistía en no hacer lo que se espera que uno haga. Otra cosa que contar a nuestros nietos, como lo de Cristiano.

Cristiano viéndose afectado del mal que ayer atoró a nuestros muchachos: el enorme peso de sus genitales, y que les incapacitó para moverse por el terreno de juego como futbolistas, limitando su rendimiento.
Este año sí. 
Un error que estamos pagando caro ha sido el de la mala planificación de la temporada, sobre todo en el apartado de altas y bajas. Tanto si la culpa ha de recaer en el técnico como si no, lo cierto es que partidos como el de anoche, inolvidables en toda la extensión de la palabra, ayudarán a que esto no se repita. Cuando nos llegue desde el club la noticia de que Benzemá se va al Manchester o Higuaín hace las maletas para la Sampdoria, aquí nadie va a decir ni "pío", y si lo dice sólo habrá que mostrarle el partido de ayer lo que, para los que no lo vieron, sería amenaza suficiente no sólo para convencer a los "pipistas" o "bencemistas" más iracundo, sino a cualquiera para reconocer la autoría del magnicidio de Kennedy. Lo de ayer justifica que en junio sólo quede Mourinho, Cristiano, la puerta del vestuario y poco más. ¡Qué bueno encontrarse con las manos libres para llevar a cabo las altas y bajas que sean de rigor! 

Autogestionis interruptus. 
No se lo creía ni el que lo lanzó -fíjense que creo que fue Pipi Estrada, con eso lo digo todo- pero por si acaso, ayer se cerró el debate sobre la "autogestión" del equipo, con lo que la imagen del técnico se refuerza ante los tres o cuatro majaderos que hubieran sido capaces de tragarse esa melonada. Otra cosa buena del partido, como la de poner en evidencia los exabruptos de la prensa. Pero a estos les da igual. El caso es que no hay nada como una derrota para echar la culpa al técnico, y para ello te tienes que comer con patatas lo dicho un día antes sobre que los jugadores del Madrid se autodirigían, se autoseñalaban como suplentes o titulares, se autodiseñaban las tácticas y se autodecidían si concentrarse o no.

Una imagen vale más que mil palabras. Como la del portero este fue la tensión competitiva mostrada por el Madrí en Granada
Camino a la décima. 
Aunque creo en este tipo de cosas tanto como en contactar con mi bisabuela en una sesión de espiritismo, no podía dejar de mencionarlo. Tema recurrente en las columnas de Tomás Roncero, así como en las tertulias que entre plato y plato desarrolla en todas y cada una de las cenas de peñas madridistas a las que es invitando, la evolución liguera del Madrid recuerda a la de aquél equipo dirigido por Vicente del Bosque allá por los inicios del milenio, capaz de encajar en casa goleadas de escándalo frente a colosos continentales como el Mallorca o caer en Copa a pies del Toledo pero, sin embargo, acabar la temporada como campeón de Europa. Por tanto, no es descartable, e incluso es previsible, que Mou alce la décima este año. Naturalmente esto es una gilipollez como la copa de un pino, pero a la gente le hace ilusión. Pues ea, que no se diga. Total, es más científico que esas cuentas que se echaba Tomás Roncero anunciando qué trofeos iba a ganar el Madrid esa temporada a base de hacer cábalas con los números del año. Sí, señores, este equipo huele a décima. Apesta. Sólo nos hace falta mucha suerte, un copón de casualidad y una bestialidad de fortuna. 


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