lunes, 26 de mayo de 2014

La puta Décima, por fin.

La emoción del partido, el subidón acrecentándose en cada gol y detalles varios -en mi caso comprobar que se puede subsistir casi ocho horas a base de cerveza y cava extremeño; cualquiera estaba para cenar anoche- impiden que la mente humanomadridista (valga la redundancia) pueda sopesar con justicia el valor de lo acontecido anoche en el estadio Da Luz de Lisboa. Creo que tendrá que pasar mucho tiempo hasta que nos demos cuenta de la importancia de este título, y me parece que pasaremos otro tanto captando gran cantidad de los detalles de sus consecuencias a medida que se vayan produciendo. Si el movimiento de las alas de una mariposa puede, con el tiempo, originar un tifón en Malasia (o eso dicen, la verdad es que no me creo una mierda) imaginad qué no puede producir lo vivido ayer por todo el madridismo en sus filas y, lo que es mejor, en las filas enemigas, que es lo que más mola. No obstante, trataremos de hacer un pequeño esbozo, más que nada por no tener que hablar de fútbol y tácticas, de los que no tengo la menor idea.

Siempre estáis ahí. 

El Real Madrid es el primer equipo de fútbol europeo que va a tener que usar dos dígitos para poder contar sus Copas de Europa. Es que lo piensas y es algo tremendo. Ganar este trofeo es muy difícil. Grandes equipos europeos se enorgullecen de tener dos o tres en sus vitrinas, y nosotros tenemos... ¡diez! Dirán nuestros enemigos, que son muchos, que las primeras cinco o seis no valen por motivos varios (que si son en blanco y negro, que si la forma del trofeo no coincide con la del actual, que si el sistema de competición no es el mismo), pero a esos les respondo que bien podía tener forma de un botijo, que la realidad es que ellos no fueron capaces de apañar ni una. El que ahora se dispongan en desprestigiar esta gesta muestra bien claramente la importancia que tiene la Décima. Dirán que el Madrí ha tardado doce años en ganarla, y que ha invertido un Potosí en la empresa. Pues si tenemos tanto dinero, mejor para nosotros, mezquinos envidiosos. Y ganar tan preciado trofeo invirtiendo 500 millones es mucho más rentable que no ganar ni la copa Danone invirtiendo cinco, porque es una división por cero, simple matemática. Respecto al tiempo, más es el que han invertido ellos, que mientras unos todavía llevan más de un siglo esperando conseguir el trofeo, otros se han visto desplazados a la misma distancia que ocupaban hace más de cincuenta años, es decir, a seis copas de Europa. Estos otros, por cierto, también tardaron más, unos trece años, en ganar una Copa de Europa después de perder la virginidad en 1992.

Precisamente el que hayan transcurrido más de diez años desde que ganamos la Novena es lo que eleva la importancia de esta Copa de Europa y marca la diferencia entre el Real Madrid y el resto. Son incontables los equipos que han ganado el trofeo una, dos o tres veces en un corto período de tiempo para luego desaparecer por el foro. Sólo uno está siempre presente. Nos llevamos seis en los primeros diez años del torneo; faltamos a la cita en los 70, donde no dejamos de jugar finales de competiciones europeas; perdimos una final en la década de los 80, pero sumamos dos nuevos entorchados continentales, sendas Copas de la UEFA, cuando este trofeo era algo importante y no lo que es ahora; en los 90 recuperamos el cetro, que conservamos a inicios del siglo. Y ahora, diez años después, vuelve a ser nuestro. ¿Dónde está aquél Ajax que consiguió tres Champions consecutivas? Asomó la cabeza hace veinte años o así para ganar una de pura chiripa y ahora vegeta por esos campos de Dios de la antigua Flandes. ¿Y aquél Milán que iba a igualar nuestro palmarés? Ahora tiene pinta de no ganar otra Champions hasta que el retoño de Ramos y la Rubio esté cobrando la jubilación.

La venganza es mía.

Aparte, esta décima supone una de las mejores temporadas de la Historia del Real Madrid. Por lo que yo he vivido y recuerdo, quizás la mejor. Hemos hecho doblete, algo que no conseguíamos desde los ochenta, cuando la "Quinta del Buitre" ganó Liga y Copa el mismo año que en Europa el Milán de Berlusconi nos encasquetaba cinco chicharros, con lo cual nuestro prestigio quedó algo tocado. Pero la Champions da mucho prestigio, más aún cuando la has ganado llevándote por delante a los equipos más importantes de la Bundesliga, incluido al que acababa de ganar el título y era, a la sazón, campeón de la pasada edición de Champions, que recibió en su estadio la mayor humillación encajada en esta competición. Zurrada la badana de la autodenominada "Bestia negra" del madridismo, puesto en solfa el calvo de los batidos mágicos, liquidamos con la misma efectividad al actual campeón de la Liga Española en la final de Lisboa. Campeón que, además, es uno de nuestros mayores enemigos. Al otro, al club de los colores chillones fundado por un suizo, lo habíamos despachado ya con anterioridad en la final de la Copa del Rey, triturando cualquier posibilidad de no acabar en blanco la presente temporada.

Far$a, Bayern y Pateti pasados por la piedra. Si a eso sumamos a la Juve, que apeamos en la liguilla, resulta que nos hemos zumbado así, como quien no quiere la cosa, a los equipos que durante la presente temporada han ganado las ligas española, italiana y alemana.

Joder, si esto no es un año cojonudo que venga Dios y lo vea.


El fin del cholismo incipiente.

Después de soportar tantos años de Guardiolismo, entendiendo como tal no el currículum como técnico del exjugador del Brescia que tuvo que abandonar el fútbol tras dar positivo por nandrolona, sino esa filosofía de todo a cien compartida y promovida por un aparato propagandístico como jamás se había visto en este país, no me quiero ni imaginar lo que habría sido de nosotros si el equipo dirigido por Simeone nos hubiera levantado la Champions. Porque resulta que la inmensa mayoría de los periodistas que desde medios generalistas y deportivos nacionales nos llevaban hasta el hastío con sus piropos y peloteo continuo al gurú de San Pedo, su campaña de limpieza étnica para sacar de la circulación a todo aquél que no comulgara con sus ruedas de molino, no eran del Barcelona... sino del Patético de Madrí. Otra cosa es que lo reconocieran. Pero así es. Pues imagínense a esta chusma exaltado en este caso a un jugador de su equipo. 

Eso es lo que habría pasado de no haber sido por el cabezazo de Sergio Ramos. Por si fuera poco, el Pateti habría ganado gracias a una cantada de Casillas, héroe de todo este gremio de colchoneros resentidos, que habrían visto así bien pagado su apoyo al gañán de Móstoles, del que ya han recibido cuantiosos beneficios en forma de filtraciones y desestabilizaciones del vestuario. Hubiera sido sencillamente horrible. Sobre todo, porque significaría el paso de defender un fútbol anodino, y sarasil, en el que el contacto está más prohibido que en el volley-ball, a otro diametralmente opuesto y que pudo disfrutarse anoche: el fútbol de la tangana, de la patada al tobillo, de las entradas sucias, de la provocación y del racaneo en el juego. De unos simpáticos ewooks afeminados bailando la sardana pasaríamos a tener como referente a un equipo de poligoneros escupidos por el proyecto hombre y a los que se impediría formar equipo en una prisión.

Gracias a Dios esto ya no va a ser. O casi no va a ser, porque España no es un país normal. Claro que habrá cholismo, a raudales, pero al menos carecerá del referente de los títulos, aunque a sus vocingleras esto les va a dar igual. El imperio del donde-dije-digo-digo-diego asoma por el horizonte. Afortunadamente poco daño van a hacer. Ni siquiera gente que desconoce la vergüenza sería capaz de vender al respetable el ideal que representa un técnico capaz de cometer errores tales como el de sacar a jugar una final a un jugador que se habría recuperado de una lesión inyectándose placenta de yegua. Que es como de chiste sacado de Mortadelo y Filemón, oigan. "El profesor Bacterio ya tiene preparado un remedio para que puedan competir en las pruebas de 100 m. lisos de las olimpiadas de Gatolandia... se trata de inyectarles la placenta de una yegua... ¡para que corran como un caballo! ¿Qué les parece...? ¡Rayos al vuelto a desaparecer!". El cambio de Costa en el minuto siete privó al Pateti de un cambio que bien podrían haber usado para perder tiempo durante el descuento, cuando el Madrí tenía a los indios embotellados en su área. 

O errores como el de "ir partido a partido", que suena muy bien en la teoría pero que en la práctica es un error, porque hay que planificar la temporada para cumplir unos objetivos, y eso implica conseguir que tus pupilos lleguen a los partidos decisivos con gasolina en la reserva. Ayer el Pateti estaba reventado, excepción hecha de los diez minutos iniciales de la segunda parte, donde como viene pasando esta temporada salieron sospechosamente acelerado. El caso es que en la prórroga no existieron. 


El Madrí puede con todo, pero si nos podemos evitar abrir otro frente, mejor que mejor. Perder la final contra el Chelsea hubiera sido dramático, pero perderla contra el equipo dirigido por Simeone habría sido una hecatombe. Creo que, cuanto menos para la próxima temporada, el Cholismo ha sido desactivado antes de que nos estallara en la cara. Mejor, que estas cosas luego crecen y es dificilísimo matarlas.

El Pupas v. 2.0

Y con la desactivación del cholismo, la Liga vuelve a ser cosa de dos y, con un poco de suerte, de uno, porque lo de Luís Enrique entrenando al Far$alona parece cualquier cosa menos un peligro para nosotros. A ver si no les damos oxígeno al igual que hemos hecho esta tempoarada. El caso es que el Patético ha quedado muy, pero que muy tocado. O así debería ser si el cerebro le funcionara de manera normal a esta gente, cosa que dudo. Bien estuvo ganar, pero mejor estuvo hacerlo de aquella manera. Después de haber parecido superar el fantasma de "El Pupas", nacido a raíz de la final de Copa de Europa que jugaron contra el Bayern hace cuarenta años, resulta que como ocurrió entonces el Pateti pierde el trofeo al encajar un tanto en los minutos de descuento. Para ser goleado en la resolución  del partido, debo añadir. A Toro Sentado se le han bajado los humos. Nos hemos quitado de encima a lo que podría ser un posible incordio para los próximos años.

Y mañana (o pasado) hablaremos de Casillas. 

domingo, 9 de febrero de 2014

Real Madrid, 4 - Villarreal, 2

Bajo un cielo que estableció una prórroga en el temporal que barre la península, el Real Madrid saltó al césped del Santiago Bernabéu en el primer partido de los tres que ha de disputar sin su jugador más emblemático y actual Balón de Oro. La esperanza, dicen, es lo último que se pierde, y fue esta máxima lo que llevó al Madrid a recurrir al Comité de Apelación para evitar una sanción a todos ojos injusta. Porque está claro que quienes llevan las riendas del club no van a ser más tontos que el común de los mortales, y tendrían tan claro como el que más que después del destrozo cometido por Ayza Gámez los auténticos responsables, esto es, aquellos que gobiernan el fútbol español y que pusieron al nefasto colegiado a dirigir el partido en San Mamón para que la liara, no iban a dar marcha atrás. Eso sí que sería de tontos, y esos son muy listos, demasiado. 

El partido tuvo dos partes bien diferenciadas: la primera y la segunda. Entrambas quince minutos de anuncios para el que no le hubiera quedado claro. Aparte, dentro de cada ídem, y dependiendo del desarrollo del juego -siempre bajo el prisma subjetivo del que esto escribe-, podemos marcar varios segmentos en cada una de las mencionadas mitades. El Madrí empezó bien, muy bien, y pronto cayó el primero al aprovechar Bale un despiste de la defensa submarina... del submarino amarillo, quiero decir... por lo del color del... dejémoslo. Gareth, demostrando que la invalidez permanente no ha de ser un handicap para desarrollar una vida normal y plena, ejecutó una vaselina sobre  Asenjo que se convirtió en un gol contra la hernia -la suya y la del MarAca- que le dificulta tener una vida como la del resto de los mortales. Qué no daría este desgraciado muchacho por llevar una existencia similar a la de desherniados como Oscar Campillo o el autor de aquella exclusiva, sin ir más lejos. 

El tanto azuzó el ya de por sí persistente dominio madridista que culminó en el segundo tanto, obra de Benzemá al rematar un centro a media altura lanzado por Bale. A estas alturas de la película el galés se había comido la banda izquierda con patatas y realizado unos cuantos centros magistrales después de bailar a los defensores, que no habían sido aprovechados. En defensa de los jugadores amarillos hay que señalar que la deformidad de la columna de Bale, que le transmuta en un inminente Quasimodo según rigurosa exclusiva de Marca -y no seré yo quién dude de las informaciones de este medio tan veraz, amiguitos- proporciona al jugador una postura genuflexa a lo ciclista que facilita sus carreras en velocidad. No obstante, la imposibilidad de atacar de manera tan continuada, sumada al churri-gol de Mario hicieron recular al Madrí, aunque no de manera muy acusada, y volvieron a meter al Villarreal en el partido. Bueno, más correctamente le metieron, porque hasta entonces apenas había existido. 

Y eso hizo que la segunda parte fuera bastante interesante. Sobre todo por ver qué no iba a pitar el infame colegiado (valga la redundancia) para evitar que un hipotético penalti alejara al Madrí en el marcador y diera tranquilidad al equipo y a la afición. Cierto que Jesé anotó el manido "gol de la tranquilidad", pero no es menos cierto que Giovanni Dos Santos volvió a recortar distancias pocos minutos después al transformar un libre directo de una manera que no ha hecho, ni volverá a hacer, en toda su vida. Ni en sueños. Gracias a Dios el tanto de Benzemá hizo imposible que los amarillos nos pusieran la cara ídem en los pocos minutos que faltaban y la gran mayoría del respetable pudo irse antes de que el colegiado señalara el final del encuentro, como mandan los cánones. 

Los notas del partido. 

El colegiado. se temía la actuación de José Luis González después de que en el Nou Camp quedara claro que es otro esbirro de Villar y Sánchez Arminio. Allí, en el partido de ida de semifinales de copa del Rey, se comió un penalti clamoroso de Masqueguarro por derribar a un atacante que encaraba totalmente sólo la portería culé, y expulsó a un realista que le soltó unas cuantas lindezas a raíz de la inacción del supuesto juez en dicha jugada. Nada que decir de esto último si no fuera porque perdonó la expulsión a Busquets después de que éste le dedicara un "hijo de puta" que, como muestran las imágenes de televisión, el colegiado tuvo que oír dada la poca distancia que le separaba del jugador. El caso es que la actuación de González González no decepcionó. Se comió tres penaltis clarísimos en área visitante que visto en la distancia, y con el abultado marcador, parecerían agua de minucias, pero la verdad es que cuando vas ganando por la mínima y un defensa contrario derriba a tu delantero al ir a rematar un balón franco en los mismísimos morros de Ajenjo te entra bastante inquietud. Al final va a tener razón Busquets: el tío es un auténtico hijo de puta, aparte de gañán y sinvergüenza. Pero comparado con los arbitrajes que nos suelen hacer su nota no puede bajar del notable. Al menos no nos ha pitado dos penaltis en contra con dos minutos de diferencia o nos ha dejado con diez por cualquier tontería. (8/10)

Di María: parece que el Bernabéu ha hecho las paces con el jugador después de sus sospechosas digitaciones testiculares gracias, sobre todo, a la notable mejora en su juego. Ayer le dio a Jesé otra asistencia magistral en una jugada muy similar a la que ambos protagonizaron en Copa frente al Patético de Madrí. Sin embargo, parece que el estado ideal de "el fideo" todavía queda muy lejos, fundamentalmente por la decisión táctica de Angelote de situarlo como volante interior izquierdo. Rendiría más jugando de carburador externo derecho o de tubo de escape diestro. (7/10).



Giovanni dos Santos. Cien mil veces lanzaría una falta como lo hizo ayer y sólo una entraría entre los tres palos. Aunque vendido en su día como el émulo canterano de Ronaldinho, sin embargo el mexicano no acabo por igualar al brasileño, lo que le habrá evitado alguna que otra enfermedad de transmisión sexual por no hablar de un hijo inesperado. Además, puede correr los cien metros lisos en menos de un minuto, cosa que con Ronaldinho es harto improbable. El caso es que el canterano culé ha seguido los pasos de la mayoría de los jugadores que vomita la Massía, esto es, engrosar el grupo de los que acaban dando tumbos en equipos desahuciados, grupo del que hay que excluir a la selecta élite a la que los batidos de Pep le han obrado maravillas. Me refiero, obviamente, a esos batidos compuestos de frutos secos, frutos no tan secos, legumbres y productos variados de la huerta, como Nueces, Almendras, Naranjas, Dátiles, Remolachas, Orégano, Lentejas, Olivas, Nabos y Arroz. (Que le califiquen los aficionados del Villarreal, que alguno habrá).

Diego López. No tuvo culpa en ninguno de los dos goles que encajó ayer, como tampoco en el que subió al marcador en San Mamón, todos ellos caracterizados por ser de esos que sólo le entrarán a sus autores una vez en la vida. Esto no va a ser óbice para que el Ejército de Salvación de Casillas proporcione nuevos impulsos a su campaña para que el de Móstoles juegue hasta los minutos de descanso del trofeo Villa de Madrid. Quitando esas dos jugadas estuvo bastante aseadito el resto del encuentro, fundamentalmente porque no le tiraron mucho a puerta. (6/10)

Marcelo y Coentrau. Dieron la nota amarga del partido al lesionarse, el segundo tras salir para sustituir al lesionado brasileño. Como no he encontrado una foto donde aparezcan ambos pongo esta de una chica muy maja, que siempre adornan los textos infumables. (sin evaluar por faltas de asistencia)

Pepito Guardiola: Me sorprendió el giro nazionanísta que tomó hace unos años, sobre todo por haberle visto con ojos llorosos recoger la medalla en la olimpiada de Barcelona, donde la selección nacional española obtuvo el oro en fútbol. Luego recordé lo que le pasó en Italia y entonces comprendí que tenía los ojos llorosos por otros motivos. Me cuadra. (3%)


Jesé. El muchacho va camino de su consagración, así que cada minuto que podemos disfrutar de él es uno menos que le queda para terminar su carrera, algo que me temo sucederá más pronto que tarde. En efecto, a Jesé le quedan dos telediarios, porque entre que no se le ve con la cabeza muy bien amueblada, y que ya se la están calentando con eso de que es mejor que Bale y Cristiano juntos y tal, nos lo van a echar a perder. El tiro de gracia se producirá cuando lo lleven a la selección y quede, bajo la influencia directa de Casillas, a merced de Xavi y lo políticamente correcto. Así que, como digo, a gozarlo mientras se pueda. (8/10)

Modricio. Es posible que el croata sea el mejor jugador que ha pasado por el Madrí desde que Zidane se retiró. No digo el más determinante o el más goleador, digo el mejor entendiendo el fútbol como un deporte de equipo. Porque este tío es de los que toma la manija y hace moverse a sus compañeros, aparte de que no hace ascos a las labores defensivas. A lo mejor no es tan bueno, pero dado que la prensa probarcelonista -o sea, toda- nos lo vendió como un "bluff" fichado a precio de oro para cubrir otros problemas del club, es normal la ilusión que despierta en el aficionado el verle hacer las cosas que hace. (9/10). 

martes, 7 de enero de 2014

Real Madrid, 3 - Celta de Vigo, 0

"Como esto sea un aperitivo de lo que nos espera este año entrante, estamos apañados" es el mejor resumen de lo visto esta tarde-noche en el coliseo madridista. Una frase que constituye un homenaje a la esencia del Tuíter por su capacidad de condensar en las limitaciones del formato de dicha red social lo acontecido en noventa minutos de un partido de fútbol, evento en el que pasan muchas, pero que mucha cosas, y cuyo genial autor no nombro porque -oh, casualidad- soy yo. Qué cosas, ¿eh? Pero como esto no es tuíter, sino blogspot, me siento obligado a disponer aquí algo más que ochenta y cuatro caracteres, cosa que no me pasaría si en lugar de haber creado el blog aquí lo hubiera hecho en Tumblr. Que estuve a punto, oigan, lo que pasó es que... bueno mejor lo dejamos. No es que tenga mucho interés en divagar sobre los orígenes de aqueste blog. De hecho, esa historia sería capaz de anestesiar a un infante con hiperactividad de grado A, pero les aseguro que es mucho más interesante que la crónica de lo acontecido en el Santiago Bernabéu. Así que me la saltaré para centrarme en aquello que tenga cierta chicha. 

En busca del padre de Luis Enrique. 
Lo sucedido en la previa tiene mucho más interés que lo visto sobre el terreno de juego. Por un lado, la manifestación -o algo parecido- de los miembros de Ultrassur en protesta por la decisión del club de transformar "su" fondo en una "grada joven" y quitarse de encima a mucho maleante que pululaba por ahí. Y por otro, cómo funcionaría ésta en un partido oficial. Pues visto lo visto poco o nada varía esta "grada joven" el ambiente del resto del graderío (adulto, avejentado, prostático o como sea). De hecho, se unieron al resto del respetable en el minuto de silencio por el fallecimiento de Eusebio, cuya grandeza futbolística mereció que los sesenta segundos se prolongaran hasta que el colegiado señaló el final del encuentro. Pero hay que darle tiempo al tiempo. No se hizo Roma en un día ni se tomó Zamora en una hora, y hemos de tener en cuenta que ambas empresas eran mucho más accesibles que convertir el Bernabéu en una olla a presión para los rivales. Hay que tener paciencia para ver florecer las flores. Se corre el riesgo de que la mitad de lo que florezca no sean flores, sino que se queden en el estadio de capullos, y la otra mitad resulten ser el resultado de haber sembrado semillas de girasol y no de rosas o margaritas, con lo cual sólo obtendríamos alimento/divertimento para los susodichos capullos durante el partido. Pero como digo, habrá que dejar que la cosa madure. A lo mejor para semifinales de Champions tenemos ahí algo similar al "muro amarillo" del Borussia. Tiempo habría, porque me parece que jugando como lo hemos hecho esta noche las semifinales esas ni las vamos a oler en el año que se inicia. Si queréis más información de esta grada tan dicharachera no os perdáis las crónicas del amigo Forjanes, intrépido reporter del diario AS, que al parecer se infiltró en la misma para contarnos la vida y milagros de los que allí pululan. Habrá sido oír la palabra "joven" y el amigo Forjanes, que se convirtió en referente del periodismo mundial al filmar a infantes jugando al fútbol durante la campaña de acoso y derribo a Mourinho, perdería el rabo porque le dieran el encargo. O al menos eso espero, porque Forjanes, armado del rabo entre tanto joven sudoroso y excitado por el fútbol tendría más peligro que una piraña en una bañera. 


El otro punto de interés de la previa radicaba en ver cómo el Bernabéu recibía a Luis Enrique. Quizá los más jóvenes no se acuerden del susodicho, es posible que ni lo reconozcan en una foto. Pues es bien fácil encontrar una: vais al diccionario y seguramente os aparezca retratado en la entrada de "traidor". Luis Enrique era un jugador que militaba en el Sporting de Gijón allá por inicio de los noventa, de donde fue extraído del Madrí para llevarle a la gloria, la fama y el triunfo. Suyo fue uno de los goles de aquél famoso 5-0 del equipo que dirigía Jorge Valdano, que si bien no fue el más vistoso por ejecución sí lo fue por la celebración. Luis Enrique supuraba madridismo por todos los poros de su piel, tanto que entendió que merecía una mayor consideración económica por parte del club -lo de siempre, vamos-, y se plantó en el despacho de Sanz para pedirle una subida de los emolumentos. El cejudo presidente lo mandó a la mierda y el asturiano, chico obediente donde los halla, se marchó a Barcelona. Allá él, diría cualquiera. Pero el problema fue que durante los meses que siguió perteneciendo a la plantilla blanca, habiendo firmado ya por el máximo rival, su rendimiento bajó de manera sospechosa. Y cuando aterrizó en la ciudad Condal se descubrió que era un "boixos nois" desde que nació. De ahí que el madridismo no le guarde mucha simpatía y se corriera el riesgo de que el Bernabéu, faltando al señorío que le caracteriza, montase un numerito vilipendiando a su persona. Afortunadamente no fue así. El Bernabéu le cantó una y otra vez aquello de que su padre era Amunike, cosa harto dudosa dadas las evidentes diferencias en la pigmentación, pero todo un detalle al estar el cántico dirigido a quien todo parece señalar no tiene ni repajolera idea de quién puede ser su padre. Se le reconoce uno y, encima, se le da una pista por donde empezar a buscar, pista que posiblemente no lleva a ninguna parte, pero a la gente hay que juzgarla por la intención. Al oír ese cántico los ojos de Luis Enrique seguramente se abrasarían con lágrimas, casi como cuando Nuñez le pasó el fajo de billetes por las narices. 

"No hace falta disir más..."
No entiendo cómo va el tema de colegiación (¿existe esta palabra?) arbitral. No sé si hay obligación de tener un número determinado de colegiados por cada comunidad autónoma, o por número de habitantes que tenga el colegio de cada región. Ni idea. Lo que sí se es que a nosotros casi siempre nos caen árbitros catalanes. Igual no hay muchos, pero es que todos nos caen a nosotros. El afortunado en esta ocasión fue Álvarez Izquierdo que, siguiendo la campaña de la FEF contra las ratas periféricas secesionistas, demostró que los colegiados catalanes son iguales a los del resto de España, es decir, que pitó contra el Madrí casi todo el partido, excepción hecha de aquellos momentos en los que pitaba a favor del rival. Se tragó dos penaltis clamorosos en área celtarra: una mano de David Costas para desviar a la línea de córner un cabezazo de Pepe que se dirigía entre los tres palos, y por el que ni siquiera se dignó en conceder el saque de esquina (se ve que por ese corte de pelo a lo aborigen australiano que luce ahora el central luso le permite dar a los cabezazos un efecto a lo "boomerang") y un placaje de Hugo Mayo sobre Cristiano, difícil de ver para el colegiado que estaba a unos tres metros. Tres metros parece poca cosa, pero si le aplicas el I.V.A. de Montoro se te va ya a las nubes. En fin, que catalán o polaco, murciano o venusino, el colegiado de turno apunta las mismas maneras que el año pasado. Y para qué cambiar, que diría aquél. Para evitar que algún despistado hablara sobre "errores arbitrales" perdonó la expulsión a Alex López, quien debería haber visto amarilla por el codazo que le propinó a Isco. Esa falta, junto con la que sí le supuso la amarilla, fueron mucho peores que las dos que Ramos cometió en Pamplona y que le sirvieron para irse a las duchas antes de que finalizara la primera mita. Y también anuló un gol legal al Madrí en la segunda parte por fuera de juego inexistente. Creo que fueron dos. No sé, he perdido la cuenta. El caso es el que quiera seguir creyéndose eso de "los árbitros se equivocan", "arbitrar es muy difícil" y "unas veces te dan, otras te quitan", tiene toda mi bendición. Habrá pasado unas fiestas navideñas cojonudas creyendo todavía que los reyes no son los padres.

Diego López evitó en un gran "uno contra uno" lo que habría sido el primer tanto del... ay, perdón, que no es Casillas. Repetimos: Charles perdonó el que podría haber sido el primer tanto del Celta en el Bernabéu. 

Pues habrá que hablar de fútbol también. Vamos, digo yo...
O los nuestros estaban todavía de cabalgata de reyes, que va a ser que no porque están igual que hace dos, tres y hasta cuatro meses, o el Madrí presentó con su juego ante el Celta su candidatura para alzarse con numerosas copas: la Copa Danone, la Copa Cabana o ese gran galardón húngaro que es la Copa Rtidario. De las otras poquito vamos a oler. Pero nos lo hemos buscado solitos. No hace falta que el tiempo, ese juez insobornable, transcurra. No habrá que esperar a que se edite la historia del Madrí en los primeros cincuenta años del siglo XXI; se ve ahora: perder a Mou fue un error, sobre todo porque nos quedamos con los cánceres. Y lo malo de un cáncer es que se extiende. Si ahora hubiera que hacer una limpia, si se tuvieran que eliminar a todos los demostrados no aptos para militar en este equipo, tendríamos problemas para hacer un equipo de fútbol siete. Y no es coña. Es que a cada jornada que pasa nos crece otro enano. Y cada enano que aparece demuestra no tener ni ganas, ni interés en volver a crecer. Tales son los casos de Pepe y Ramos, a los que deseo toda la suerte del mundo en sus nuevos equipos que, espero, los reciban con los brazos abiertos antes de que acabe el mercado de invierno. Con decir que la noticia es que hoy no nos han metido un gol por culpa de Ramos, abonado en los últimos partidos en que jugadores bastante más bajitos que él sean capaces de ganarle balones por alto sin tener que levantar los pies del suelo. Peor es el caso de Di María, cuyo pasotismo, desgana y descontento es más que evidente. Al ser cambiado recibió una sonora pitada por parte del respetable a la que respondió llevándose la mano a su entrepierna. Este tío no debería vestir la elástica blanca ni un segundo más. Mañana tendría que ser despachado a Mónaco o a donde cojones lo quieran y por el precio que nos den. Si es gratis, pues gratis. Lo que perdamos se rentabilizará con el ejemplo que se impondría al resto de la plantilla. "Que tengo una oferta del Mónaco", "Que el Chelsea está interesado por mí", "Que el Milán está preguntando precio". Pues hala, a hacer puñetas, desgraciados. Esta gente ¿dónde va a estar mejor que en Madrid y en el Madrí? A ver si se piensan que en Londres o Munich van a encontrar la juerga que tenemos aquí. A cualquiera de estos que van diciendo lo de que "suenan" para otros equipos les muestran la puerta de salida y se arrojan a los pies para evitar que les des boleto. 

Lo mejor que hizo ayer Di María con la(s) pelota(s) en los 90 minutos. Normal, mientras estuvo
en el terreno de juego no hizo practicamente nada. 

De Angelotte mejor ni hablar. Después de Mou habría hecho falta un técnico joven, con cojones e ideas nuevas (más de lo primero), no un anciano que está de vuelta de todo y que ni puede ni quiere. Del Bosque versión dos-punto-cero. Su único acierto fue meter a Bale y a Jesé como revulsivos... para el equipo, claro, que no para el público, que con lo que llevábamos visto ya habíamos tenido de sobra para vomitar. Una vez más quedó claro sobre el césped que cualquier equipo de mindundis mínimamente trabajado en el aspecto táctico nos mete el susto en el cuerpo. Aquí no hay labor del técnico ni se la espera. No tenemos un esquema definido, o al menos uno que se adapte a los efectivos de los que disponemos. Isco anda más perdido que Luis Enrique en el día del padre, y su titularidad perenne (me da que es el ojito derecho de Zidane) obliga a retrasar a Modric, el jugador más en forma del equipo. Tal como juega la defensa, para el caso podríamos prescindir de ella. Resucitemos la "doble uve eme" y dispongamos dos zagueros. Naturalmente, ninguno de los titulares ayer. Con un voluntario del público y el que sirve en uno de los bares del estadio nos bastaría, al menos hasta el advenimiento de Varanne, si es que algún día llega a producirse. En la delantera, Cristiano sigue soñando con balones de oro. Menos mal que este puede estar en Babia que ni aún así deja de marcar goles. Dos fueron ayer, uno de ellos a pase de Bale tras una descomunal jugada. Junto con Modric, el mejor del partido. Qué casualidad, los dos que han mamado fútbol inglés hasta ayer como quien dice. 

Fueron los dos goles de Cristiano, más el de Benzemá -otro, me temo, protegido del valido Zidane- los que maquillaron un poco lo sucedido y evitaron que la sangre llegara al río donde no ha mucho mirábamos cómo bebían los peces por ver a Dios nacer. Pero como esto no mejore -y no veo yo motivos para que suceda tal cosa- esta temporada se nos va a hacer más larga que un fin de semana lluvioso. No puede ser de otra manera cuando la mitad de nuestros efectivos, incluyendo el técnico, están amortizados. Personalmente estoy hasta los nenúfares de que cada vez que se consigue armar algo parecido a un equipo competitivo se rompa la dinámica para pasarnos unos añitos de transición.